miércoles, 29 de julio de 2009

Recomendaciones a la hora de un viaje en avión


Volar puede provocar o empeorar una amplia variedad de enfermedades, a pesar de que son muy pocas las que impiden que una persona viaje en avión. Entre éstas destacan el neumotórax, lesiones pulmonares causadas por la tuberculosis, enfermedades que podrían contagiarse a otros pasajeros y trastornos en los que incluso una pequeña expansión de aire dañaría los tejidos, como en el caso de una cirugía intestinal realizada en los 10 días anteriores. Algunas enfermedades requieren cierta planificación y exigen tomar precauciones antes de volar. Por ejemplo, las personas a las que se ha practicado una colostomía (bolsa artificial para defecar) deberían llevar una bolsa grande y prever que puede llenarse varias veces.
Un viaje en avión plantea diversos problemas, como cambios en la presión del aire, disminución de la cantidad de oxígeno, turbulencias, alteraciones en el ritmo interno de sueño vigilia de 24 horas (circadiano) del organismo (desfase de horario o jet lag), y estrés psicológico o físico.
Los aviones modernos mantienen la presión del aire dentro de la cabina a bajos valores, equivalentes a la presión atmosférica entre 1 500 y 2 400 m de altura. A esos valores, el aire atrapado en las cavidades del cuerpo (como las de los pulmones, el oído interno, los senos y el tracto intestinal) se expande alrededor de un 25 por ciento. En ocasiones, esta expansión agrava ciertos trastornos de salud, como un enfisema, una obstrucción de las trompas de Eustaquio, una sinusitis crónica y dolores crónicos abdominales causados por gas. Los problemas pueden agravarse notablemente cuando un avión, accidentalmente, pierde la presión de la cabina o cuando ésta no está presurizada, como sucede con algunas avionetas pequeñas.

Durante los viajes en avión es habitual tener una sensación de presión en los oídos. Ésta se produce cuando aumenta la diferencia entre la presión dentro y fuera del oído, lo cual hace que el tímpano protruya. Cuando la trompa de Eustaquio (un conducto que conecta el oído medio con la parte posterior de la nariz) permite que el aire entre y salga del oído medio, la presión se iguala.
Los resfriados de cabeza o las alergias pueden generar secreciones y una hinchazón que bloquea las trompas de Eustaquio, y las infecciones repetidas pueden favorecer el desarrollo de cicatrices que las obstruyan parcialmente. El aire queda atrapado en el oído medio, produciendo presión y dolor. En alguna rara ocasión el tímpano se rompe debido a ello. Del mismo modo, puede quedar atrapado aire en los senos paranasales, provocando dolor en la cara. Tragar saliva con frecuencia o bostezar durante el descenso del avión, así como con la ingestión de descongestivos antes o durante el vuelo, pueden evitarse o aliviarse estos trastornos. Como los niños son particularmente susceptibles a la barotitis media, deberían mascar chicle, chupar un caramelo sólido o beber algo durante el ascenso y el descenso; a los bebés se les puede amamantar o bien darles el biberón o el chupete.

La relativa baja presión del aire en el interior de un avión también causa problemas debido a sus efectos sobre los valores de oxígeno. Los bajos valores de oxígeno resultan particularmente problemáticos para quienes sufren enfemedades pulmonares graves como enfisema o fibrosis quística, insuficiencia cardíaca, anemia, angina grave, drepanocitosis o ciertas enfermedades cardíacas congénitas. Por lo general, estas personas pueden volar sin problemas si se les suministra oxígeno. Las líneas aéreas pueden aceptar un pedido de oxígeno si se les notifica tal necesidad 72 horas antes del vuelo. Habitualmente, las personas que han sufrido un ataque cardíaco pueden volar entre 10 y 14 días después del mismo. Durante un vuelo, los que padecen problemas respiratorios no deberían fumar ni beber alcohol (pues ello agrava los efectos de la disminución de oxígeno). En general, quien pueda caminar 90 metros o sea capaz de subir un tramo de escaleras debería poder tolerar las condiciones normales de cabina sin necesidad de oxígeno adicional.
Otro problema son las turbulencias, que pueden causar mareo o lesiones. Las personas que tienden a marearse en los aviones pueden tomar comprimidos de dimenhidrinato o bien aplicarse parches de escopolamina sobre la piel. Sin embargo, estos fármacos pueden causar efectos negativos, particularmente entre los ancianos. Los parches provocan menos efectos adversos. Para evitar lesiones, los pasajeros deberían mantener sus cinturones de seguridad abrochados mientras están en sus asientos.

Por otro lado el desfase de horario (jet lag) también puede afectar a nuestro organismo. Así el hecho de viajar a gran velocidad, lo cual implica atravesar diversos husos horarios, produce mucho estrés físico y psicológico conocido como desfase de horario o jet lag (disritmia circadiana). Un cambio gradual en los patrones de comida y sueño antes de la partida puede aliviar el problema. Deben realizarse algunos cambios en el horario en que se toman los medicamentos; por ejemplo, los intervalos entre medicamentos, que normalmente se ingieren a horarios precisos a lo largo del día, deberían basarse en el tiempo transcurrido entre tomas (por ejemplo, 8 horas) más que en la hora local. Los diabéticos que se aplican insulina de acción prolongada pueden cambiar a insulina regular hasta que se hayan ajustado al nuevo huso horario, a la comida y al ritmo de actividades, o bien pueden compensar progresivamente la diferencia de husos horarios con el paso de los días. Deberían establecer un programa de alimentación y medicaciones con su médico antes de partir y llevar consigo un instrumento que controle las concentraciones de azúcar en sangre (glucosa).

Otro problema muy frecuente es "El miedo a volar y la claustrofobia" que pueden provocar angustia. La hipnosis y la modificación del comportamiento ayudan a algunas personas. Tomar un sedante puede aliviar el miedo antes y durante el vuelo. Como el comportamiento de algunos individuos mentalmente enfermos empeora durante los viajes aéreos, quienes manifiestan tendencias violentas o impredecibles deben viajar acompañados y pueden necesitar algún tranquilizante antes de volar.
Precauciones a la hora de un viaje en avión
Los marcapasos y las extremidades metálicas artificiales, las dentaduras postizas o los clavos resultan afectados por los detectores de metales de los aeropuertos. Sin embargo, los modelos más recientes de marcapasos pueden resistir la potencial interferencia de estos detectores. Para evitar problemas de seguridad, las personas que usan dichos dispositivos deberían llevar una nota de su médico explicando la situación.
El riesgo de que se formen coágulos de sangre en las piernas aumenta en cualquier persona que permanezca sentada en un mismo sitio durante mucho tiempo. Las mujeres embarazadas y los que tienen mala circulación son los más expuestos. Caminar por la cabina cada una o dos horas y contraer y relajar los músculos de las piernas mientras se está sentado ayuda a mantener una buena circulación sanguínea.
La deshidratación producida por la escasa humedad (de alrededor del 5 por ciento) que hay en la cabina puede compensarse bebiendo suficientes líquidos y evitando el alcohol, que empeoraría la deshidratación. Las personas que utilizan lentes de contacto deberían aplicarles alguna solución humidificadora con el fin de contrarrestar los efectos del aire seco.
Las líneas aéreas suelen proporcionar alimentos especiales, como dietas con bajo contenido en sal y grasas, y platos especiales para diabéticos si se les solicita con antelación.
Los pasajeros deberían llevar sus medicamentos en bolsas de mano en lugar de maletas, que se facturan en el aeropuerto, sobre todo por si éstas se pierden, las roban o llegan más tarde. Los medicamentos deberían transportarse en sus envases originales. Quienes deban transportar derivados opiáceos, grandes cantidades de cualquier fármaco o jeringas, deberían disponer de una nota médica para evitar ser detenidos por los agentes de seguridad de la aduana. Sería recomendable que los pasajeros lleven consigo un resumen de su historia médica, incluyendo resultados de electrocardiogramas, por si sufren algún contratiempo lejos de casa. Quienes padecen afecciones potencialmente incapacitantes, como la epilepsia, deberían llevar una identificación de Alerta Médica, colocada en la muñeca o en el cuello.
Las mujeres con embarazos normales pueden viajar en avión hasta el octavo mes. Las que presenten embarazos de alto riesgo deberían consultar sus planes de viaje con su médico y obtener su aprobación.
En general, para volar durante el noveno mes, es necesario presentar una nota del médico, dentro de las 72 horas previas al viaje, que indique la fecha aproximada del parto. Los cinturones de seguridad deberían ir cruzados por encima de los muslos, y no sobre el abdomen, para evitar posibles lesiones en el útero.
No se permite volar a los niños menores de 7 días. Los niños que padecen enfermedades crónicas, como afecciones cardíacas o pulmonares congénitas o anemias, tienen las mismas restricciones que los adultos en iguales condiciones. No existe límite de edad máximo para poder viajar en avión.
Las líneas aéreas hacen esfuerzos razonables para acomodar a los discapacitados. Generalmente, las sillas de ruedas y las muletas pueden acomodarse en los vuelos comerciales; de lo contrario, es necesario un servicio aéreo de ambulancia. Algunas líneas aéreas aceptan a personas que necesitan equipos especiales como catéteres intravenosos y respiradores mecánicos, siempre y cuando estén acompañados por personal capacitado y se hayan hecho todos los arreglos pertinentes con al menos 72 horas de anticipación.
Es posible conseguir información y asesoramiento acerca de los viajes aéreos en los departamentos médicos de las líneas aéreas más importantes.
Cuando se realizan Viajes al extranjero
De los millones de personas que viajan al extranjero cada año, alrededor del 3 por ciento necesita asistencia médica a causa de una enfermedad o lesión. Es posible que se produzcan infecciones gastrointestinales por beber agua o bebidas contaminadas, incluido el hielo, o por comer alimentos crudos o mal cocidos.
Los contactos sexuales casuales producen un alto riesgo de contraer el SIDA, que existe en todo el mundo, así como otras enfermedades de transmisión sexual.
Los accidentes de tráfico, especialmente nocturnos, y la sofocación son las principales causas de muerte o lesiones entre los turistas que visitan países extranjeros. Los riesgos para la salud varían según el país y la región visitados. Existen centros especializados de salud que suministran al viajero datos actualizados sobre los riesgos que comporta visitar determinados países.
En algunos países, muchos seguros de asistencia médica carecen de validez y los hospitales suelen requerir un importante desembolso de dinero en efectivo, al margen del seguro de salud que tenga la persona en su país. Es posible contratar varios planes de seguro de viajes, incluyendo algunos de los que cubren las evacuaciones de emergencia, tanto a través de las agencias de viaje como de ciertas compañías de tarjetas de crédito. Los consulados de los respectivos países de origen pueden asegurar la prestación de servicios médicos de emergencia.
Vacunaciones
Las personas que planean viajar al extranjero deberían aplicarse las vacunas apropiadas, dependiendo de su destino. Por lo general, se necesita más preparación cuando el viaje dura tres semanas o más, cuando incluye varios destinos en países en vías de desarrollo, o cuando tiene la finalidad de visitar zonas rurales o trabajar con poblaciones residentes. Las necesidades, en lo que a vacunas se refiere, cambian frecuentemente. Algunas deben ser aplicadas entre 2 y 12 semanas antes del viaje, por lo que el viajero debe informarse sobre el tema con la debida anticipación. En la actualidad es muy fácil conseguir información sobre los requisitos de vacunación de cada país.

domingo, 26 de julio de 2009

Cuidado con el calor


Nuestro organismo es capaz de mantener su temperatura dentro de un estrecho margen, ya sea en un clima templado o frío, mediante la sudación, con cambios en la respiración, tiritando y variando el flujo de sangre que llega a la piel y a los órganos internos. Sin embargo, una exposición excesiva a altas temperaturas puede provocar grandes trastornos en nuestro organismo, que pueden llevar incluso a la muerte, sobre todo en dos poblaciones como son los niños y los ancianos.
El riesgo de sufrir uno de estos trastornos producidos por el calor aumenta con la humedad elevada (cuidado en Canarias con el calor y la elevada humedad a que estamos sometidos), que disminuye el efecto refrescante de la sudación, y con el ejercicio físico prolongado y agotador, que incrementa la cantidad de calor que producen los músculos. Los ancianos, las personas muy obesas y los alcohólicos crónicos son especialmente susceptibles a los trastornos del calor, al igual que los que ingieren ciertos medicamentos como antihistamínicos, fármacos antipsicóticos, alcohol y cocaína.
La mejor forma de evitar enfermedades relacionadas con el calor es usando el sentido común. Por ejemplo, debería evitarse realizar ejercicios físicos extenuantes en un ambiente muy caluroso o en un espacio poco ventilado, y habría que usar una vestimenta apropiada. Los líquidos y las sales perdidas con el sudor pueden reponerse consumiendo alimentos y bebidas ligeramente salados, como zumo de tomate salado o sopa fría. Muchas de las bebidas que se pueden comprar en la actualidad, contienen una cantidad adicional de sal. Cuando no es posible evitar el entrenamiento físico en un entorno caluroso, es importante beber mucho líquido y enfriar la piel humedeciéndola con agua fría.
La postración causada por el calor es un proceso debido a una exposición al calor durante varias horas, en el cual la pérdida excesiva de líquidos provocada por la sudación produce fatiga, baja presión arterial y, a veces, un colapso.
La exposición a altas temperaturas puede causar pérdida de líquidos a través de la sudación, particularmente durante la actividad física o el ejercicio. Junto con los líquidos, se pierden sales, lo cual altera la circulación y el funcionamiento del cerebro. Como resultado, se puede producir postración. La postración causada por el calor parece una situación grave pero, en realidad, rara vez lo es.
Los principales síntomas de afectación de nuestro organismo por el calor son el incremento de la fatiga, debilidad, ansiedad y sudoración excesiva. La persona puede sentir que se desmaya estando de pie porque la sangre se acumula en los vasos sanguíneos de las piernas, que se dilatan con el calor. El latido cardíaco se vuelve más lento y débil, la piel se enfría, palidece y toma un aspecto húmedo y viscoso y el afectado siente confusión. La pérdida de líquidos reduce el volumen de sangre, hace descender la presión arterial, y puede producir un colapso o desmayo.
¿Qué hacer ante uno de estos síntomas de afectación por el calor?
El principal tratamiento consiste en reponer los líquidos y sales, es decir rehidratarse. En casi todos los casos lo que se necesita es tumbarse completamente o recostarse con la cabeza más baja que el resto del cuerpo, así como tomar bebidas frías y ligeramente saladas durante algunos minutos. Algunas veces, los líquidos se administran por vía intravenosa. También ayuda el hecho de trasladarse a un ambiente más fresco. Después de la rehidratación, la persona suele recuperarse por completo, si la presión arterial sigue baja y el pulso continúa siendo lento, debería pensarse que la causa puede ser otra enfermedad.
El golpe de calor
El golpe de calor es una enfermedad que puede poner en peligro la vida, que deriva de una prolongada exposición al calor, y en la cual una persona no puede sudar lo suficiente como para hacer descender su temperatura corporal. Esta enfermedad suele desarrollarse rápidamente y requiere un tratamiento intensivo e inmediato. Si una persona está deshidratada y no puede sudar lo suficiente para enfriar su cuerpo, la temperatura corporal puede alcanzar niveles peligrosamente altos y provocar un golpe de calor. Ciertas enfermedades, como la esclerodermia y la fibrosis quística, disminuyen la capacidad de sudación y, en consecuencia, aumentan el riesgo de que se produzca un golpe de calor.

jueves, 23 de julio de 2009

Artrosis (desgaste en las articulaciones)


La artrosis, enfermedad degenerativa de las articulaciones, es un trastorno crónico de las articulaciones caracterizado por la degeneración del cartílago y del hueso adyacente, que puede causar dolor y rigidez.
La artrosis, es un trastorno muy frecuente, afecta en algún grado a muchas personas alrededor de los 70 años de edad, tanto varones como mujeres. Sin embargo, la enfermedad tiende a desarrollarse en los varones a una edad más temprana. Persisten todavía muchos mitos sobre la artrosis, por ejemplo, que es un rasgo inevitable de la vejez, como los cabellos grises y los cambios en la piel; que conduce a discapacidades mínimas y que su tratamiento no es eficaz. Aunque la artrosis es más frecuente en personas de edad, su causa no es el simple deterioro que conlleva el envejecimiento. La mayoría de los afectados por esta enfermedad, especialmente los más jóvenes, presentan pocos síntomas o ninguno; sin embargo, algunas personas mayores desarrollan discapacidades significativas.
Las articulaciones tienen un nivel tan escaso de fricción que no se desgastan, salvo si se utilizan excesivamente o sufren lesiones.

Existen dos tipos de artrosis, una es la primaria cuando la causa se desconoce y otra la secundaria cuando la causa es otra enfermedad, bien sea la de Paget, una infección, una deformidad, una herida o el uso excesivo de la articulación. Resultan especialmente vulnerables los individuos que fuerzan sus articulaciones de forma reiterada, como los obreros de una fundición o de una mina de carbón y los conductores de autobuses. Sin embargo, los corredores profesionales de maratón no tienen un mayor riesgo de desarrollar este trastorno. Aunque no existe evidencia concluyente al respecto, es posible que la obesidad sea un factor importante en el desarrollo de la artrosis.

Al llegar a los 40 años de edad, muchas personas presentan signos de artrosis en las radiografías, especialmente en las articulaciones que sostienen el peso, como la cadera, pero relativamente pocos presentan síntomas.
Por lo general, los síntomas se desarrollan gradualmente y afectan inicialmente a una o a varias articulaciones, las de los dedos, la base de los pulgares, el cuello, la zona lumbar, el dedo gordo del pie, la cadera y las rodillas. El dolor es el primer síntoma, que aumenta por lo general con la práctica de ejercicio. En algunos casos, la articulación puede estar rígida después de dormir o de cualquier otra forma de inactividad; sin embargo, la rigidez suele desaparecer a los 30 minutos de haber iniciado el movimiento de la articulación.
La articulación puede perder movilidad e incluso quedar completamente rígida en una posición incorrecta a medida que empeora la lesión provocada por la artrosis. En algunos sitios como la rodilla, los ligamentos que rodean y sostienen la articulación se estiran de modo que ésta se vuelve inestable. Tocar o mover la articulación puede resultar muy doloroso.
En contraste, la cadera se vuelve rígida, pierde su radio de acción y provoca dolor al moverse. Cuando la artrosis afecta a la columna vertebral el dolor de espalda es el síntoma más frecuente. Sin embargo, si el crecimiento óseo comprime los nervios, la artrosis de cuello o de la zona lumbar puede causar entumecimiento, sensaciones extrañas, dolor y debilidad en un brazo o en una pierna. En raras ocasiones, la compresión de los vasos sanguíneos que llegan a la parte posterior del cerebro ocasiona problemas de visión, sensación de mareo, náuseas y vómitos.

La artrosis sigue un lento desarrollo en la mayoría de los casos tras la aparición de los síntomas. Como tratamiento, tanto los ejercicios de estiramiento como los de fortalecimiento y de postura resultan adecuados para mantener los cartílagos en buen estado, aumentar la movilidad de una articulación y reforzar los músculos circundantes de manera que puedan amortiguar mejor los impactos. El ejercicio se debe compensar con el reposo de las articulaciones dolorosas; sin embargo, la inmovilización de una articulación tiende más a agravar la artrosis que a mejorarla. Los síntomas empeoran con el uso de sillas, reclinadores, colchones y asientos de automóvil demasiado blandos. Se recomienda usar sillas con respaldo recto, colchones duros o tableros de madera bajo el colchón. Los ejercicios específicos para la artrosis de la columna vertebral pueden resultar útiles; sin embargo, se necesitan soportes ortopédicos para la espalda en caso de problemas graves. Es importante mantener las actividades diarias habituales, desempeñar un papel activo e independiente dentro de la familia y seguir trabajando.
Así mismo resultan útiles la fisioterapia y el tratamiento con calor local. Para aliviar el dolor de los dedos es recomendable, por ejemplo, calentar cera de parafina mezclada con aceite mineral a una temperatura de 48 a 51 ºC, para luego mojar los dedos, o tomar baños tibios o calientes. Las tablillas o soportes pueden proteger articulaciones específicas durante actividades que generen dolor. Cuando la artrosis afecta al cuello, pueden ser útiles los masajes realizados por terapeutas profesionales, la tracción y la aplicación de calor intenso con diatermia o ultrasonidos.
Los fármacos son el aspecto menos importante del programa global de tratamiento. Un analgésico como el paracetamol puede ser suficiente y un antiinflamatorio no esteroideo como la aspirina o el ibuprofeno puede disminuir el dolor y la inflamación. Si una articulación se inflama, se hincha y provoca dolor repentinamente, los corticoides se pueden inyectar directamente en ella, aunque esto sólo suele proporcionar alivio a corto plazo.
Por último, la cirugía puede ser útil cuando el dolor persiste a pesar de los demás tratamientos. Algunas articulaciones, sobre todo la cadera y la rodilla, pueden sustituirse por una artificial (prótesis) que, por lo general, da muy buenos resultados: mejora la movilidad y el funcionamiento en la mayoría de los casos y disminuye el dolor de forma notable. Por tanto, cuando el movimiento se ve limitado, puede considerarse la posibilidad de una prótesis de la articulación.

lunes, 20 de julio de 2009

Cuidados con las quemaduras solares


Las quemaduras solares se producen por una sobreexposición a los rayos ultravioleta B (UVB). Dependiendo del tipo de piel que tenga una persona y del tiempo de exposición al sol, la piel se vuelve roja, inflamada y dolorida entre una hora y un día después de la exposición. Posteriormente, se pueden formar ampollas y la piel se descama. Algunas personas quemadas por el sol presentan fiebre, escalofríos y debilidad y, aquellas con quemaduras realmente graves pueden incluso sufrir importantes problemas de salud.
¿Cómo Prevenirlo?
El mejor modo de evitar el daño que puede causar el sol es permanecer alejado de su radiación intensa y directa. Las prendas de vestir y las gafas de sol de cristal repelen prácticamente todos los rayos nocivos. El agua no es un buen filtro de rayos UV. Los rayos UVA y UVB pueden atravesar casi 35 centímetros de agua transparente, tal y como lo pueden experimentar quienes bucean cerca de la superficie y quienes caminan descalzos por la orilla. Tampoco las nubes ni la niebla son buenos filtros para los rayos UV; una persona puede sufrir quemaduras solares en un día nublado o con niebla. Por otro lado, la nieve, el agua y la arena reflejan la luz solar y amplifican la exposición de la piel a los rayos UV.
Antes de una exposición a la luz solar intensa y directa, una persona debería aplicarse un filtro solar, o sea un ungüento o una crema con sustancias químicas que protegen la piel al repeler los rayos UVA y UVB. Muchos filtros solares también son impermeables o bien resistentes al agua. Como requiere de 30 a 45 minutos para fijarse fuertemente a la piel, nadar o sudar inmediatamente después de aplicarse la crema lo elimina de la piel. Ocasionalmente, los filtros solares pueden irritar la piel y pueden provocar reacciones alérgicas en algunas personas.
Otros filtros solares contienen barreras físicas como el óxido de zinc o el dióxido de titanio; estos ungüentos blancos y espesos evitan que el sol alcance la piel y pueden ser utilizados en zonas pequeñas y sensibles, como la nariz y los labios, que se pueden teñir con sustancias cosméticas para que tengan el mismo color de su piel.
En general, los filtros solares se clasifican en grados según su número de factor de protección solar, cuanto mayor es el número del factor de protección, mayor es la protección. Los filtros solares con un factor de protección mayor o igual a 15 bloquean la mayor parte de la radiación UV, pero ningún filtro transparente impide el acceso a todos los rayos UV. Habitualmente, los filtros solares tienden a bloquear sólo los rayos UVB, pero los rayos UVA también pueden dañar la piel. Algunos filtros solares de reciente aparición son algo más eficaces para bloquear los rayos UVA.

¿Qué hacer ante una quemadura solar?
El primer hormigueo o enrojecimiento indica que hay que abandonar rápidamente la exposición al sol. Las compresas mojadas con agua fría del grifo pueden aliviar las zonas enrojecidas, al igual que las lociones o los ungüentos sin anestésicos ni perfumes que pueden irritar o sensibilizar la piel. La piel quemada por el sol comienza a curar por sí sola tras varios días, pero la curación completa puede requerir semanas. La parte inferior de las piernas, particularmente las espinillas, tienden ser particularmente molestas cuando se queman por el sol, y además curan lentamente. Las superficies cutáneas que raramente se exponen al sol pueden sufrir quemaduras graves porque contienen poco pigmento, estas superficies son las zonas de piel normalmente cubiertas por el bañador, el dorso de los pies y la parte de la muñeca que normalmente está protegida por el reloj.
La piel dañada por el sol representa una puerta de entrada facilitada a las infecciones, y si ésta se produce puede retrasarse la curación. El médico puede determinar la gravedad de una infección y prescribir antibióticos si fuera necesario.
Una vez se desprende la piel quemada, las nuevas capas expuestas al sol son delgadas y muy sensibles a su radiación, y estas zonas pueden continuar siendo extremadamente sensibles durante varias semanas.

viernes, 17 de julio de 2009

Cataratas en los ojos


Una catarata es una nubosidad en el cristalino del ojo que dificulta la visión, produciendo una pérdida de la visión progresiva. Su origen en general no se conoce, a pesar de que en ciertos casos se producen debido a la exposición a los rayos X o a la luz solar muy intensa, ciertas enfermedades oculares inflamatorias, algunos fármacos como los corticoides o como una complicación de otras enfermedades, como la diabetes. Son muy comunes en los ancianos, aunque algunos bebés pueden nacer ya con cataratas congénitas.
La catarata hace que la luz se torne difusa, las luces intensas son especialmente molestas para muchas personas que la padecen, quienes perciben halos alrededor de las luces, brillos y dispersión de la luz. Estos problemas son particularmente molestos cuando la persona pasa de la oscuridad a un ambiente muy iluminado o intenta leer con una lámpara de luz muy intensa. De forma sorprendente, una catarata en la parte central del cristalino puede mejorar la visión al principio, ya que hace que la luz sea enfocada nuevamente, mejorando la visión de los objetos cercanos al ojo. Así los ancianos, que tienen dificultades para ver las cosas que están cerca, descubren sorprendidos que son capaces de leer nuevamente sin gafas, un fenómeno que suele describirse como el nacimiento de una segunda vista.
En general, las personas que presentan una catarata pueden determinar cuándo desean que se la operen. Cuando las personas se sienten inseguras, incómodas o son incapaces de realizar sus tareas probablemente sea el momento para la cirugía. No tiene ningún sentido someterse a la cirugía antes de ese punto.Antes de decidirse por la cirugía, la persona con cataratas puede intentar otros tratamientos como las gafas y las lentes de contacto que pueden mejorar la visión. La operación de cataratas, que puede llevarse a cabo en personas de cualquier edad, generalmene no necesita anestesia general ni siquiera una noche de hospitalización. Durante la intervención, se extirpa el cristalino y en general se inserta uno de plástico o de silicona; el cristalino artificial recibe el nombre de implante de cristalino. Sin un implante de cristalino, la persona suele necesitar lentes de contacto. Si no puede usar una lente de contacto, puede intentar usar gafas, que son de cristal muy ancho y tienden a distorsionar la visión.
La operación de cataratas es muy común y en general segura. En muy raras ocasiones, tras la operación la persona puede desarrollar una infección o una hemorragia en el ojo que puede derivar en una seria pérdida de la visión. Los ancianos en particular deberían organizarse de antemano para contar con ayuda en casa durante algunos días después de la operación. Durante unas pocas semanas tras la intervención, se utilizan gotas o pomadas para prevenir las infecciones, reducir la inflamación y favorecer la curación. Para proteger el ojo de cualquier lesión, la persona usa gafas o un escudo de metal hasta que la curación se haya completado, en general tras pocas semanas. La persona operada visita al médico al día siguiente de la operación y luego generalmente a la semana o cada dos semanas durante 6 semanas.

martes, 14 de julio de 2009

Faringitis


La faringitis es una inflamación de la garganta (faringe), causada por lo general por virus pero también, con frecuencia, por bacterias.
La faringitis puede producirse en casos de infecciones víricas como el resfriado común, la gripe y la mononucleosis infecciosa, así como en las infecciones estreptocócicas (faringitis estreptocócica) y algunas enfermedades de transmisión sexual (la gonorrea, por ejemplo).
Los síntomas, que incluyen dolor de garganta y molestias al tragar, son similares tanto en la faringitis vírica como en la bacteriana. En ambos casos, la membrana mucosa que cubre la faringe puede estar leve o intensamente inflamada y cubierta por una membrana blanca o bien por pus. La fiebre, la inflamación de los ganglios linfáticos del cuello y un alto recuento de glóbulos blancos son típicos tanto de la faringitis vírica como de la bacteriana, si bien estos síntomas pueden ser más pronunciados en la forma bacteriana.
En cuanto al tratamiento decir que, los analgésicos comunes, las tabletas para la garganta o las gárgaras de agua tibia con sal pueden aliviar el malestar, pero a los niños o adolescentes menores de 18 años no se les debe administrar aspirina porque puede provocar el síndrome de Reye. Los antibióticos no sirven si la infección es vírica, pero pueden prescribirse si el médico sospecha que la infección tiene un origen bacteriano. En caso contrario, no se administran antibióticos hasta que las pruebas de laboratorio hayan confirmado un diagnóstico de faringitis bacteriana. Si las pruebas indican que la faringitis está provocada por una infección estreptocócica (faringitis estreptocócica), el médico indica penicilina, en general en comprimidos, para erradicar la infección y evitar complicaciones como la fiebre reumática. Si se sabe que una persona es alérgica a la penicilina, puede recetársele eritromicina u otro antibiótico.

sábado, 11 de julio de 2009

Otitis externa


La otitis externa es una infección del canal auditivo y, puede afectar a todo el canal, como en la otitis externa generalizada, o sólo una zona reducida, como por ejemplo un furúnculo. La otitis externa, comúnmente llamada mal del nadador, es más frecuente durante el verano, cuando se practica natación.
Las causantes son una variedad de bacterias o, rara vez, de hongos puede causar otitis externa generalizada. Las lesiones que se producen en el canal auditivo al limpiarlo o bien por causa de entrada de agua o de irritantes como el spray de cabello o el tinte, suelen producir también una otitis externa.
El canal auditivo se limpia por sí mismo desplazando las células cutáneas muertas desde el tímpano hasta el exterior, como si estuviesen en una cinta transportadora. El hecho de intentar limpiar el canal con bastoncitos con punta de algodón interrumpe este mecanismo de autolimpieza y puede empujar el material de desecho hacia el tímpano, donde se acumula. Los desechos acumulados y la cera tienden a retener el agua que entra en el canal cuando la persona se ducha o nada. Como resultado final, la piel mojada y blanda del canal auditivo contrae infecciones bacterianas o fúngicas con más facilidad.
Los síntomas de la otitis externa generalizada son picor, dolor y una secreción maloliente. Si el canal auditivo se hincha o se llena con pus y desechos, la audición empeora. Por lo general, el canal se resiente y duele si se tira del oído externo (oreja) o si se ejerce presión sobre el pliegue de piel que se encuentra frente al canal. Cuando se observa el interior del canal auditivo a través de un otoscopio (un instrumento para visualizar el canal y el tímpano), se ve que la piel del canal está roja, hinchada y cubierta de pus y desechos.
Para tratar la otitis externa generalizada, el médico primero elimina el material de desecho infectado que se encuentra en el canal mediante aspiración o con hisopos (bastoncitos con punta de algodón). Una vez que el canal auditivo está limpio, la audición suele volver a la normalidad.
Por lo general, la persona tiene que instilarse gotas de antibiótico varias veces al día durante un período máximo de una semana. Algunas gotas óticas también contienen un corticosteroide para reducir la inflamación. En ciertos casos se prescriben gotas que contienen ácido acético diluido para que ayuden a recuperar la acidez del canal auditivo. Los analgésicos como el paracetamol o la codeína pueden ayudar a reducir el dolor durante las primeras 24 a 48 horas, hasta que la inflamación comience a remitir. Si la infección se ha extendido más allá del canal auditivo se puede tratar con un antibiótico administrado por vía oral.
Así que en este tiempo de verano donde vamos a la piscina, cuidado con las otitis externas.

miércoles, 8 de julio de 2009

Fistula rectal


Una fístula anorrectal (fístula en el ano) es un trayecto anormal desde el ano o el recto hasta la piel cerca del ano, aunque ocasionalmente puede ir hacia otro órgano, como la vagina.
En general, las fístulas comienzan en una glándula profunda de la pared del recto o del ano. A veces las fístulas son el resultado del drenaje de un absceso anorrectal, pero a menudo no se puede identificar la causa. Esta afección es más común en portadores de la enfermedad de Crohn o en las personas con tuberculosis. También pueden ocurrir en las personas con diverticulitis, cáncer o alguna lesión anal o rectal. Una fístula en un lactante generalmente se debe a un defecto congénito y es más frecuentes en los niños que en las niñas. Las fístulas que conectan el recto y la vagina pueden deberse a una complicación de la radioterapia, a un cáncer, a la enfermedad de Crohn o a una lesión que haya sufrido la madre durante el parto.
Síntomas y diagnóstico
Una fístula puede ser dolorosa o puede excretar pus. Es posible observar una o más aberturas de una fístula o ésta puede notarse debajo de la piel. Introduciendo una sonda se puede determinar su profundidad y dirección. El médico puede localizar la abertura interna mirando a través de un anoscopio que introduce en el recto y mediante una exploración con una sonda. La inspección con un sigmoidoscopio ayuda a determinar si la causa del problema es un cáncer, la enfermedad de Crohn u otro trastorno.

El único tratamiento eficaz es la cirugía (fistulotomía), durante la cual se secciona el esfínter de forma parcial. Si el esfínter se secciona demasiado, se pueden tener dificultades para controlar las evacuaciones. Asimismo, si la persona tiene diarrea, una colitis ulcerosa activa o la enfermedad activa de Crohn (todas las cuales pueden retrasar la cicatrización de las heridas), el tratamiento quirúrgico generalmente no se realiza.

domingo, 5 de julio de 2009

Enfermedades alérgicas



Los pulmones son particularmente propensos a las reacciones alérgicas porque están expuestos a grandes cantidades de antígenos suspendidos en el aire, como polvos, pólenes y sustancias químicas. La exposición a polvos irritantes o a sustancias suspendidas en el aire, frecuentemente en el trabajo, aumenta la probabilidad de las reacciones alérgicas respiratorias. Sin embargo, las reacciones alérgicas en los pulmones no son sólo el resultado de la inhalación de antígenos. Se pueden producir también por la ingestión de ciertos alimentos o fármacos.
Hay muchos tipos de polvo que pueden causar reacciones alérgicas en los pulmones. Los polvos orgánicos que contienen microorganismos o proteínas al igual que sustancias químicas, como los isocianatos, pueden ocasionar una neumonía por hipersensibilidad. El “pulmón del granjero”, que resulta de la inhalación repetida de bacterias del heno enmohecido que toleran temperaturas elevadas, es un ejemplo bien conocido de neumonía por hipersensibilidad.
Sólo un número reducido de personas que inhalan estos polvos desarrollan reacciones alérgicas y solamente una pequeña parte de aquellas personas que las desarrollan sufren daños irreversibles en los pulmones y, generalmente, una persona debe estar expuesta a dichos antígenos de modo constante o frecuente durante mucho tiempo antes de que se desarrollen la sensibilización y la enfermedad.
Cuando existe hipersensibilidad a un polvo orgánico, es habitual que la persona presente fiebre, tos, escalofríos y ahogo al cabo de 4 u 8 horas de haber estado expuesta al mismo.
Otros síntomas consisten en falta de apetito, náuseas y vómitos, pero los pitos en los pulmones no son frecuentes. Si el individuo no vuelve a exponerse al antígeno, los síntomas habitualmente disminuyen en unas horas pero la recuperación completa puede tardar varias semanas.
Con el paso del tiempo se agravan los ahogos durante el ejercicio, la tos con esputo, el cansancio y la pérdida de peso. Finalmente, la enfermedad puede llevar a una insuficiencia respiratoria.
El diagnóstico de neumonitis por hipersensibilidad depende de la identificación del polvo o de otra sustancia que causa el proceso, lo cual puede resultar difícil. Las personas expuestas en el trabajo pueden no sentirse enfermas hasta horas después, cuando están en su casa. Un buen indicio de que el ambiente de trabajo puede ser la fuente del problema es que el sujeto se siente mal en los días laborables pero no durante el fin de semana o las vacaciones.
La mejor prevención es evitar la exposición al antígeno, pero esto no es fácil en la práctica para alguien que no puede cambiar de trabajo. La eliminación o la reducción del polvo o el uso de máscaras protectoras pueden contribuir a prevenir una recidiva. El tratamiento químico del heno o de los desechos de la caña de azúcar y la utilización de sistemas de ventilación eficaces contribuyen a evitar que los trabajadores se expongan y se sensibilicen a estas materias.
Los individuos que han sufrido un episodio agudo de neumonitis por hipersensibilidad se restablecen si se evitan ulteriores contactos con la sustancia. Cuando el episodio es grave, los corticosteroides, como la prednisona, reducen los síntomas y pueden disminuir una inflamación intensa. Los episodios prolongados o repetidos pueden conducir a una enfermedad irreversible; la función respiratoria puede verse tan comprometida que el paciente llega a necesitar oxígeno en casa.

jueves, 2 de julio de 2009

Almorranas o hemorroides


Las hemorroides son tejidos hinchados que contienen venas y que están localizados en las paredes del recto y del ano.
Las hemorroides se pueden inflamar, desarrollar un coágulo sanguíneo (trombo), sangrar o agrandarse y protruir hacia fuera por el ano (prolapso). Las que permanecen en el ano se llaman hemorroides internas y las que protruyen fuera de éste se denominan hemorroides externas.
Las hemorroides se pueden desarrollar debido a esfuerzos repetidos e intensos durante las evacuaciones; el estreñimiento puede empeorar la situación. La enfermedad hepática incrementa la presión sanguínea en la vena porta, conduciendo en ocasiones a la formación de hemorroides.

Las hemorroides pueden sangrar, típicamente tras una evacuación, provocando que las heces o el papel higiénico se manchen de sangre. La sangre puede hacer que el agua de la taza del retrete se tiña de rojo. Sin embargo, a pesar de su aparatosidad, la cantidad de sangre generalmente es pequeña y las hemorroides raramente conducen a grandes pérdidas de sangre o a un cuadro anémico.
Las que protruyen por el ano pueden ser reintroducidas de nuevo suavemente con un dedo o a veces pueden hacerlo por sí mismas. Una hemorroide puede hincharse y volverse dolorosa si su superficie se ve sometida a un roce continuo o si se forma un coágulo en su interior. Con menor frecuencia, pueden secretar moco y crear la sensación de que el recto no está completamente vacío. El picor en la región anal (prurito anal) no es un síntoma de hemorroides, pero puede ocurrir, ya que la zona dolorosa es difícil de mantener limpia.
El médico puede diagnosticar rápidamente las hemorroides inflamadas y dolorosas mediante la inspección del ano y del recto. La anoscopia y la sigmoidoscopia ayudan a determinar si el paciente padece un trastorno más grave, como un tumor.

Generalmente, las hemorroides no requieren tratamiento, a no ser que provoquen síntomas. La toma de agentes emolientes que ablandan las heces o de mucílago puede aliviar el estreñimiento y evitar los esfuerzos excesivos que lo acompañan. Las hemorroides sangrantes se pueden tratar con la inyección de sustancias que promueven la formación de tejido cicatricial que cierra estas venas; este procedimiento se denomina escleroterapia.
Las hemorroides internas de gran tamaño y las que no responden a la escleroterapia se ligan con bandas de goma. Este procedimiento, llamado ligadura con bandas de goma, hace que la hemorroide se atrofie y se desprenda sin causar dolor. El tratamiento se aplica en una sola hemorroide cada vez, a intervalos de dos semanas o más. Se pueden necesitar de tres a seis tratamientos. Las hemorroides también pueden ser destruidas utilizando láser (destrucción por láser), rayos infrarrojos (fotocoagulación por infrarrojos) o una corriente eléctrica (electrocoagulación). Si fallan los demás procedimientos se puede recurrir a la cirugía.
Cuando una hemorroide con un coágulo de sangre duele, se trata con baños de asiento (baños en los cuales la persona se sienta en el agua), ungüentos anestésicos locales o compresas de avellana. El dolor y la inflamación suelen disminuir tras un corto período de tiempo y los coágulos desaparecen al cabo de 4 a 6 semanas. Por otra parte, el especialista puede abrir la vena y retirar el coágulo en un intento de aliviar el dolor rápidamente.